¿Cuáles son las fases en la alimentación de un bebé?

Fases en la alimentación de un bebé

La alimentación de un bebé desde que nace hasta alcanzar la edad suficiente para que pueda comer todo tipo de alimentos, conlleva una serie de etapas que son cruciales para una vida saludable. Nada más nacer y durante sus primeros meses, será la leche materna el mejor y más completo alimento, como así lo ratifica la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Cada vez sabemos más sobre cómo afecta la alimentación infantil a la salud futura del adulto y los trastornos que tienen su origen de pequeños y que no son exclusivos de los adultos, como puede ser la obesidad. Por ello es importante conocer los diferentes tipos de alimentación que necesitan los niños según la etapa en la que se encuentran:

Fase de lactancia (de 0 a 6 meses): para un comienzo de vida, el bebé solo necesitará de la leche materna para su supervivencia durante los primeros meses, ya que le proporcionará los nutrientes necesarios para su correcto desarrollo. Desde el nacimiento hasta el sexto mes, la leche materna o de fórmula es el mejor alimento para el bebé. En los primeros días, y hasta la subida de la leche, será el calostro su alimento.

La leche materna está diseñada para proteger al bebé de infecciones durante las primeras semanas gracias a los anticuerpos que posé y fortalecerá su sistema inmunológico. Tiene todos los nutrientes necesarios, es fácil de digerir y siempre está disponible, a la temperatura adecuada y con una higiene óptima.

Transición, fase de 6 a 12 meses: cuando el bebé supera el sexto mes, comienza la introducción de alimentos sólidos que complementen a la leche materna o la leche de fórmula. La transición requiere satisfacer las necesidades nutricionales del bebé y establecer unos hábitos alimentarios que pueden comenzar con una papilla o puré preparada a base de verduras o pequeños trocitos de comida.

Prácticamente se pueden introducir en esta fase todos los alimentos, prestando especial atención a la leche entera, la miel (ambas no recomendables antes de los 12 meses) y los frutos secos (en este caso, no antes de los 3 años por el riesgo de atragantamiento). Se debe ofrecer al niño una variedad de sabores y texturas e incrementar poco a poco su consistencia.

Adulto, fase de 12 a 24 meses: a partir del primer año, el niño empieza a probar alimentos, sabores, texturas e incrementar poco a poco su consistencia, que irán preparándole para la alimentación que llevará de adulto. A los 8-10 meses como máximo, el niño debería estar tomando alimentos triturados. Después de los dos años podrá comer lo mismo que un adulto, pero siempre teniendo en cuenta aquellos alimentos que puedan ocasionarle problemas de atragantamientos o similar.
Cuando el niño desarrolle la habilidad para llevarse la comida a la boca, podemos optar a que el niño como por sí mismo con ayuda de sus progenitores.

Una vez alcanzados los 2-3 años, la alimentación debe ser igual a la del resto de la familia, exceptuando algunos alimentos que puedan ocasionar problemas como hemos citado anteriormente. Sobre todo, debemos llevar al niño a unos hábitos alimentarios saludables ya desde pequeños y eso se refleja en la alimentación familiar.

De este modo, potenciaremos el consumo de verduras, frutas, legumbres, cereales y agua a diario. Carne, pescado, leche y huevos varias veces en semana y, ocasionalmente, bollería, refrescos, dulces o comida precocinada.