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La hipertensión arterial en las personas mayores

    Hipertensión arterial en las personas mayores

    La hipertensión arterial en el adulto es un problema más que considerable, que afecta con mayor ahínco a la población a medida que avanza el espectro de edad. La denominada hipertensión arterial sistémica es una patología crónica de múltiples causas, que acarrea daños en los vasos sanguíneos y aumenta notoriamente la morbilidad y la mortalidad por diversas dolencias cardiovasculares, sobre todo en los adultos mayores.

    Se trata de un grave problema de salud pública de acuerdo con los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), pues la hipertensión arterial acarrea por lo menos el 45% de los fallecimientos por cardiopatías, y el 51 % de los decesos por enfermedades cerebrovasculares. Afecta sobre todo a sustratos de población con ingresos bajos y medianos.

    Tanto es así, que prácticamente el 80% de las muertes por razones de patología o accidente cardiovascular corresponden a países desarrollados o en vías de desarrollo. La hipertensión de las arterias se señala como el cuarto factor principal causante de riesgo de defunción y de pérdida de años de vida saludable.

    Además, debemos hacer énfasis en que, a medida que los años transcurren y la edad del individuo aumenta, crece la presión arterial. De forma asociada con el proceso biológico de envejecimiento, se van modificando los vasos arteriales y los canales sanguíneos, y asimismo se transforman los mecanismos hormonales y renales. De este modo, la hipertensión puede afectar en cuatro estadios más frecuentemente como son:

    • Arterias: que ocasiona la pérdida de elasticidad haciendo mayor su grosor y ocasionando sean más estrechas.
    • Hipertrofia: afecta al corazón, dilatándose y bombeando con mayor dificultad el fluyo sanguíneo.
    • Daño renal: Los riñones son unos de los principales órganos que se ven afectados por la presión alta.
    • Daño ocular: provoca derrame en los capilares del ojo, ocasionando problemas en la visión.

    La incidencia de la hipertensión arterial en las personas de avanzada edad es mucho más acusada, por lo tanto, a medida que aumenta la edad de la persona, hemos de ser especialmente cautos con los siguientes aspectos que afectan de manera muy directa a nuestra salud.

    Causas que producen hipertensión en el adulto mayor

    • La ingesta excesiva de sodio: a medida que vamos envejeciendo, hemos de ir disminuyendo la cantidad de sales que consumimos con las comidas.
    • Antecedentes familiares: Existe una relación hereditaria de padecer hipertensión.
    • Sobrepeso: también en relación estrecha y directa con el proceso biológico de envejecimiento, hemos de tratar de mantener un tren de vida lo más saludable posible, que prevenga la mayor y más acusada incidencia del sobrepeso y la obesidad en adultos mayores, como uno de los factores influyentes en el aumento de la presión arterial.
    • La inactividad física y el sedentarismo: a partir de la jubilación, y en pleno envejecimiento biológico de la tercera edad, se entiende erróneamente, y con excesiva frecuencia, que debemos ir limitando o eliminando la actividad física y el ejercicio. Pues bien: la realización moderada de ejercicio físico a edades avanzadas, dedicándole varias horas a la semana, resulta algo completamente esencial y fundamental para prevenir la hipertensión arterial sistémica.
    • El consumo de alcohol: también en proporción directa con el paso de los años y la edad anciana, es necesario ir aminorando y erradicando el consumo de bebidas alcohólicas en la medida de lo posible.
    • El estrés psicosocial: la circunstancia y contextos sociales específicos del individuo y el estar sometido a presión dificultades y penurias sociales y económicas varias también inciden a menudo de forma muy de la práctica en la hipertensión.
    • Edad: A medida que envejecemos tenemos mayor riesgo de tener la presión alta. Las mujeres tienen mayor riesgo de desarrollar esta patología pasados los 65 años.
    • Ciertas enfermedades: enfermedades crónicas como la diabetes, apnea del sueño o enfermedad del riñón, aumentan el riesgo.
    • Tomar ciertos medicamentos.

    Según datos de la propia Organización Mundial de la Salud, el límite establecido para definir a una persona como paciente de hipertensión es una cifra que sobrepase los 140 mmHg (milímetro de mercurio: medidas de presión manométrica empleadas para ponderar la presión circulatoria de las arterias) en la presión sistólica, o los 90 mmHg en la diastólica. Para mantener estos parámetros debemos prevenir y controlar la presión alta siguiendo unas pautas y hábitos saludables, entre los que podemos destacar:

    ¿Cómo podemos prevenir la presión alta?

    Para mantener estos parámetros debemos prevenir y controlar la presión alta siguiendo unas pautas y hábitos saludables, entre los que podemos destacar:

    • Seguir una dieta saludable que favorezca al corazón, disminuyendo el consumo de sal y sodio en las comidas ingiriendo alimentos como vegetales, fruta y productos lácteos bajos en grasa.
    • Mantener el peso recomendado.
    • Realizar ejercicio físico al menos tres veces a la semana durante una media hora. Caminar es muy beneficioso para las personas mayores y fácil de realizar.
    • Evitar el tabaco y alcohol.

    No seguir las recomendaciones y evitar la presión alta, puede dar lugar a complicaciones en los órganos y daños en los vasos sanguíneos. Si no se controla lo suficiente, puede llegar a producir un mayor daño en la persona que la padece, como puede ser un accidente cerebrovascular, provocar un aneurisma, demencia o trastornos de tipo metabólico entre otros.

    La importancia de controlarla en todo momento

    La hipertensión en el adulto es una dolencia de proporciones sociológicas a menudo desmesuradas, y uno de los enemigos más sutiles y alevosos de la salud de la persona adulta, sobre todo de la de más avanzada edad. Por lo tanto, es imprescindible combatirla con hábitos de vida equilibrados y una ancianidad activa y saludable. Además, si cuidas de una persona mayor, es importante verificarla y controlarla en casa.

    La llaman la ‘asesina silenciosa’ ya que puede pasar inadvertida e ir desarrollándose durante años sin percibir síntoma alguno y, cuando da la cara, afecta de manera peligrosa a una serie de órganos. Por ejemplo, si una persona ha tenido un problema cardiovascular, la hipertensión puede intensificar el daño. Y es que, el control de la hipertensión es esencial para prevenir este tipo de problemas ya que, si la presión se mantiene elevada durante bastante tiempo, puede causar patologías graves como pueden ser: enfermedades cardiacas, lesión de la retina, demencia cardiovascular, hipotensión, arterioesclerosis…

    Sin duda, no debemos pasar por alto la hipertensión ya que, no sólo es un problema para los mayores, sino que se estima que más del 20% de los adultos mayores de 40 años conviven con hipertensión arterial y está se prevé en aumento en países desarrollados. Convivimos con una enfermedad extendida, aunque poco visible y a la que le damos poca importancia por ser habitual y no entrañar riesgo si al tomar la medición nos sale alta. 

    La mayoría de las personas hipertensas lo son por alguno o varios de varios factores que hemos señalado con anterioridad, aunque existen pacientes que desarrollan esta enfermedad a consecuencia de otros motivos o enfermedades, incluso de la ingesta de algún tipo de medicamentos.

    Para concluir, diremos que no existe una detección precoz como puede ocurrir con otro tipo de enfermedades. Su prevención y diagnóstico pasa por seguir las recomendaciones y huir de una vida sedentaria y excesos de alcohol y tabaco, llevar una dieta saludable y vigilar los niveles de nuestra tensión.