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¿Qué efectos psicológicos provoca la pandemia en las personas mayores?

    Efectos psicológicos provoca la pandemia en las personas mayores

    Los efectos psicológicos de la pandemia en los mayores han sido objeto de diversos estudios científicos recientes, debido a la gran preocupación social e institucional que suscitan estos grupos de edad, especialmente vulnerables a los daños y ataques del Covid-19. Con la pandemia se ha desencadenado una situación y al de crisis generalizada y de inquietud que ha dado lugar incluso a qué diferentes personas e incluso colectivo de edades jóvenes hayan pretendido inducir la discriminación contra los grupos de edad provecta a la hora de afrontar los ataques del virus. Pero también hemos de tener presente que se ha dado de forma paralela una gran CB Acción Social para con las personas de avanzada edad en la difícil, y a menudo trágica, coyuntura que se ha venido padeciendo, una de las más complejas, intrincadas y graves por las que ha transitado la Humanidad en las últimas décadas.

    Las personas mayores, además, son especialmente vulnerables ante las medidas de confinamiento, aislamiento social y cuarentena, pues en esta etapa vital se reducen las redes de apoyo social, y asimismo la participación en actividades sociales. Para una persona anciana, desarrollar un cierto grado de vida social es de crucial importancia para no padecer episodios depresivos y ansiosos con mayor frecuencia que otras personas que se hallen en etapas precedentes de la vida. Es por ello, entre otras razones, que el impacto psicosocial de la pandemia en los adultos mayores ha sido más significativo que en otros grupos de edad.

    Síntomas y problemas psicológicos de los ancianos durante la pandemia

    Resultados de investigaciones científicas del pasado año arrojaron el inquietante resultado de que la pandemia ha ejercido efectos especialmente perniciosos en la salud mental de personas de edad avanzada. Los síntomas han sido tan variados como preocupantes: desde mayores episodios de ansiedad, estrés y angustia, hasta insomnio, pesadillas, o pánico a la muerte.

    Dentro de los efectos psicológicos de la pandemia en mayores, también han de señalarse otros síntomas, tales como el miedo a la separación familiar; sintomatología obsesiva, como lavarse las manos en exceso y de manera recurrente; síntomas propios del estrés postraumático, y también el incremento del consumo de sustancias peligrosas para la salud, como el alcohol o el tabaco. Así lo informan las más diversas publicaciones científico-médicas de prestigio, tales como la Revista Española de Geriatría y Gerontología, o la Revista Cubana de Salud Pública.

    Cabe agregar, según datos de idénticas publicaciones, el agravamiento de síntomas previos y enfermedades físicas preexistentes, como era el caso de la diabetes, la hipertensión arterial, o diversos problemas cardiovasculares. Igualmente, las patologías psíquicas se han visto considerablemente agravadas a consecuencia de la cuarentena y del pánico desatado por la pandemia: ha sido el caso de los trastornos ansiosos, depresivos, los déficits neurocognitivos, o el abuso de sustancias.

    Hemos de tener bien presente que la fragilidad de muchos ancianos condiciona la pobre respuesta de su sistema inmunológico, debido, fundamentalmente, a que con el envejecimiento se produce una disminución de la reserva funcional: es decir una restricción de los límites del organismo con respecto a los daños que este es capaz de soportar. Se pierde capacidad funcional y resiliencia en el organismo del anciano, y ello también incide en una mayor fragilidad o naturaleza más quebradiza de la salud mental del adulto mayor. Además, los episodios trágicos en residencias de la tercera edad o la discriminación de las personas mayores en la desescalada por razones sanitarias, también han desempeñado un impacto psicosocial muy negativo en ellas.

    Un problema de fondo: la soledad

    El claro envejecimiento de la población en España, un 41,9% de las personas que viven solas tienen 65 años o más y el 72% son mujeres, sigue en aumento. Su vida y sus hechos para compensar la soledad se han visto interrumpidos, provocando un mayor efecto, si cabe, en su salud tanto física como emocional.

    Durante la etapa de la vejez suceden una serie de acontecimientos que hacen que aparezca con mayor facilidad el sentimiento de soledad. La pérdida de su cónyuge o seres queridos, la incomprensión o el rechazo, la falta de compañía… son factores primordiales que afectan de manera determinante. Hablamos entonces de soledad subjetiva, aquella que padecen las personas que se sienten solas. Un sentimiento doloroso y temido por los mayores.

    Si podemos apuntar a un desencadenante, esa es la viudedad. El adulto mayor se encuentra sin la compañía y el afecto de su compañero/a de vida. No se trata de una situación que acontezca a todos los ancianos, sin embargo, sí que es una de las más usuales y su gestión es diferente de lidiar en cada persona, pero implica el problema de la soledad como telón de fondo.

    En nuestra sociedad existen una serie de prejuicios sobre la vejez, pensamientos marcados que no incluyen a las personas de edad a mantener un rol social importante. Ya no se les considera personas productivas, no son capaces de vivir experiencias de disfrutar… toda una serie de complejos equívocos acerca de este grupo de edad. Salir al paso de la soledad es responsabilidad de todos, del anciano, de la familia, de la sociedad en su totalidad. Sensibilizar este problema que nos ataña desarrollando programas desde las administraciones competentes hasta concienciarnos de ello los propios individuos.

    Una opción que es de gran ayuda para solventar el problema de la soledad al menos, es contar con un trabajador social que facilite el apoyo afectivo en su situación real, previniendo el aislamiento. Ahora es el momento en que, indudablemente, hemos de prestar un gran apoyo afectivo y social a nuestros mayores, y porque han sufrido especialmente durante esta pandemia que ahora parece, por fin, declinar.

    Hemos de tener bien presente que la fragilidad de muchos ancianos condiciona la pobre respuesta de su sistema inmunológico, debido, fundamentalmente, a que con el envejecimiento se produce una disminución de la reserva funcional: es decir una restricción de los límites del organismo con respecto a los daños que este es capaz de soportar. Se pierde capacidad funcional y resiliencia en el organismo del anciano, y ello también incide en una mayor fragilidad o naturaleza más quebradiza de la salud mental del adulto mayor. Además, los episodios trágicos en residencias de la tercera edad o la discriminación de las personas mayores en la desescalada por razones sanitarias, también han desempeñado un impacto psicosocial muy negativo en ellas.

    Ahora es el momento en que, indudablemente, hemos de prestar un gran apoyo afectivo y social a nuestros mayores, y porque han sufrido especialmente durante esta pandemia que ahora parece, por fin, declinar.