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Por qué es importante cuidar la alimentación en la tercera edad

    Cuidar la alimentación en la tercera edad

    Cuando se llega a una cierta edad el organismo experimenta una serie de cambios fisiológicos que requieren cuidados físicos y nutricionales que influyen directamente en la salud de las personas mayores. Aunque, por suerte, vivir en un país desarrollado implica tener cubiertas las necesidades alimenticias, en nuestro país existe un porcentaje entorno al 20% de personas mayores que sufren malnutrición.

    Ello se debe a diferentes factores como pueden ser los cambios en el organismo que hemos citado anteriormente, la falta de cuidados, ya que son muchas las personas que mayores que viven solas, la medicación que disminuye el apetito y otro tipo de carencias o enfermedades.

    En este sentido, la alimentación en la tercera edad es un tema al que debemos prestar la atención que se merece, ya que este va relacionado directamente con el envejecimiento de la población y su aumento en cifras, pues se prevé que en 2050 las personas mayores de 65 años representarán más del 30% del total de la población. Los octogenarios llegarán a superar la cifra de cuatro millones según datos del Instituto Nacional de Estadística-INE, 2008.

    Existen diversos cambios físicos, como consecuencia del envejecimiento, que influyen de forma directa en la alimentación en la tercera edad y que producen la falta de nutrientes en su organismo, provocando una dieta deficitaria. Veamos cuáles son esos cambios y sus consecuencias.

    Cambios físicos que influyen en la alimentación de los mayores

    • Cambios corporales: aumento de la masa grasa, pérdida progresiva de la masa muscular y ósea. Disminución de la cantidad de agua en el organismo, lo que influye en la regulación térmica y administración de algunos medicamentos.
    • El proceso digestivo se vuelve más lento: esto afecta a la absorción de nutrientes, existe un mayor riesgo de atragantamiento y pérdida de apetito, derivando en problemas como anemia o estreñimiento.
      La masticación se vuelve más lenta, menos salivación, pérdida de piezas dentales… como consecuencia la persona mayor va teniendo problemas para comer determinados alimentos, por lo que la ingesta supone un déficit de carnes y otros alimentos que le aportan los nutrientes necesarios para completar una dieta saludable.
    • En el sistema inmunológico: El organismo comienza a presentar deficiencias. Las defensas se vuelven más vulnerables y las enfermedades aumentan.
    • El gusto y el olfato: poco a poco, disminuyen el sentido del gusto y del olfato y, por tanto, se pierde el interés y placer por la comida.
    • En el sistema cardiovascular y en el renal: las arterias se vuelven más duras y la sangre concentra mayor cantidad de colesterol.
    • El metabolismo: se reduce el gasto energético diario, por lo tanto, disminuye el metabolismo basal.

    Para evitar la malnutrición en los mayores, debemos proporcionarles los alimentos necesarios ricos en nutrientes que le garanticen una dieta saludable con el suficiente aporte energético. Una dieta basada en alimentos que contengan proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas y minerales.

    Dieta saludable en la tercera edad

    La alimentación en la tercera edad debe ser equilibrada y compuesta por porciones de diferentes grupos de alimentos. Así, deben ingerir más de la mitad del aporte energético diario en su mayoría por hidratos de carbono como el arroz, la pasta, los cereales integrales, patatas y pan, previniendo así problemas de estreñimiento.

    Los minerales y vitaminas procederán del consumo de verduras, hortalizas y frutas, como mínimo dos o tres piezas diarias, al igual que los lácteos. Además, no debemos olvidar proporcionar la cantidad de líquido diario adecuada, en la que el agua sea la base principal y combinarla con zumos, leche o sopas.
    La vitamina D debe estar presente en la dieta de las personas mayores, en el consumo de legumbres y hortalizas como hemos mencionado y en la exposición, no prolongada, al sol. Unos 15 minutos diarios serán suficientes para recibir la dosis adecuada de vitamina D en su organismo proveniente del sol. Al igual que la vitamina D, la B12 está relacionada con el deterioro cognitivo, por lo que su ingesta a través de los cereales, pescados o mariscos debe ser esencial.

    Para los huesos, el calcio y fósforo es fundamental para la osteoporosis y otros problemas de huesos y articulaciones. Presente en los lácteos, el pescado o los frutos secos, incluir una o dos porciones diarimente en la dieta es beneficioso para su salud. La fibra también debe estar presente en alimentos como el pan o los cereales integrales que les favorecerá el tránsito intestinal.

    En cuanto al aporte de proteínas proveniente del pescado la carne, huevos o las legumbres, es aconsejable el consumo de dos o tres veces por semana. Las personas mayores deben seguir una dieta equilibrada, variada y rica en nutrientes que les puedan aportar la energía suficiente para que su salud no se resienta. Deben comer de todo en cantidades moderadas.

    En todo caso, es conveniente consultar al médico o nutricionista para evaluar las necesidades alimenticias de cada persona en particular.

    Además de los factores físicos propios del envejecimiento que pueden afectar en la alimentación de una persona mayor, existen otra serie de causas que están relacionadas directamente y que pueden influir en su alimentación. En este caso podemos destacar:

    Otros factores que influyen en la alimentación de los mayores

    • Menor actividad física: a medida que envejecemos se práctica menos ejercicio físico y, por lo general, tenemos menor actividad lo que también implica menor ingesta energética que conlleva a un menor aporte de los nutrientes necesarios para el organismo.
    • Factores sociales, económicos o psíquicos: cuando una persona llega a la última etapa de su vida, generalmente implica dejar de trabajar, es una época en la que los hijos se emancipan, la pérdida de un ser querido que afecta al sentimiento de soledad… todos estos factores pueden afectar de una manera real a la forma de comer y una buena alimentación.
    • Ingesta de fármacos: los medicamentos pueden producir algunos efectos negativos en los mayores como la alteración del gusto o la pérdida de apetito lo que les lleva a no comer o comer menos. Además, pueden producirles vómitos y ser difíciles de absorber por el aparato digestivo.
    • Enfermedades: llegan a causar malnutrición en los mayores. Es el caso de las enfermedades neurodegenerativas como demencias o incluso otras de carácter cardiovascular. Cualquier enfermedad afecta en la nutrición del adulto mayor.

    5 consejos para una buena alimentación a partir de los 70

    – Dieta mediterránea: apostar por una dieta tan saludable y variada como la mediterránea es acertar de lleno en nuestra calidad de vida. Fruta, verdura, legumbres, pan, aceite de oliva, pescado, lácteos y carne forman la base se nuestra apreciada dieta y tan beneficiosa para todos. Evita el consumo de comidas precocinadas, las grasas saturadas que alimentan el colesterol y otras enfermedades.
    – Comer de todo en menores cantidades: Realiza al menos cinco comidas al día donde las porciones sean más pequeñas, así se conseguirá mejores digestiones y niveles de grasa y azúcar en sangre más regulares.
    – Bebe mucha agua: conforme se envejece, la sensación de sed es menor. Lo recomendable es beber dos litros de agua diarios, también otros líquidos que aporten hidratación evitando el té, bebidas azucaradas o el alcohol.
    – Mantente activo: realizar algún tipo de ejercicio físico a diario como caminar, es beneficiosos para el corazón, para controlar el peso y fortalecer los músculos. Con media hora al día, podemos adquirir una buena forma física y mejorar nuestra calidad de vida.